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Actitudes hacia las personas con discapacidad
Actitud: En su acepción latina «Attitudine» tiene dos raíces (o dos vertientes): «apto» y «acto». La primera, relacionada con propiedad «se es apto», «se posee algo» y la segunda con «acto», «postura», «acción». Pero más atrás las dos raíces de ACT y APT son originarias del sánscrito de la raíz «ag», significando «hacer» o «acto». La raíz «ag» lleva en sí el motor o la forma del ACT y del APT y, de hecho, es el soporte del concepto presente de la relación entre el acto y los componentes subyacentes de la «aptitud» del sujeto. Históricamente la noción de actitud ha tenido innumerables formulaciones, casi tantas como especialistas se ocuparon del tema, haciendo verdad la frase de Allport, G. (1935): «Actualmente se pueden medir las actitudes mejor de lo que se las puede definir». Las actitudes son conceptos descriptivos que se infieren a partir de la observación de la conducta, por lo que no son por sí mismas directamente observables o medidas. Las actitudes son consideradas como una predisposición a clasificar los objetos y el grado de reacción ante estos y su consistencia evaluativa. Las actitudes son constructos hipotéticos (son inferidos pero no objetivamente observables). El término actitud fue introducido en el ámbito de la Psicología Social por Thomas y Znaniecki (1918) con el objeto de explicar las diferencias conductuales. El concepto de actitud surge del intento de explicar las regularidades observadas en el comportamiento de personas individuales. Unos tienden a adoptar como propias los comportamientos del grupo mientras que la tendencia de otros es hacia su clase social como el asignar personas por la significación que le dan al color de la piel considerándolo como una distinción de clase y que se comportan de igual manera ante todos ellos. En semejante caso se habla del mantenimiento de una actitud específica de grupo étnico o racial. Las actitudes son evaluadas conforme a ciertos parámetros de observabilidad, evaluando las respuestas emitidas ante determinados hechos. Se puede considerar que el problema de las actitudes negativas hacia estas personas está en que la sociedad que valora en exceso la belleza, la inteligencia y la capacidad de ganar dinero y en consecuencia, se rechaza a las personas que no son inteligentes, ni bellas y que no ganan dinero, por ello los cambios no logran cambiar los prejuicios de la mayoría de las personas. Es así que debemos modificar los valores y actitudes que subyacen. La discriminación hacia estas personas es un mal mundial, que no distingue raza, nación ni religión. El temor a lo «distinto» genera rechazo, y por ende exclusión social. La actitud mantenida tradicionalmente por la sociedad, asigna un papel de marginación a las personas con discapacidad, ya que las ubican entre los atípicos y pobres, con un denominador común de dependencia y sometimiento. Son aprendidas gradualmente a través de la experiencia. Este proceso de aprendizaje comienza en el seno de la familia. Es la predisposición a responder de una manera consistente ante una clase de estímulos con un tipo de respuestas. Creencias erróneas: Según distintos estudios e investigaciones se puede decir que existen creencias erróneas en cuanto a las actitudes hacia las personas con discapacidad: - «Las actitudes de los otros tienen gran poder y ejercen efectos negativos en la conducta de la persona con discapacidad»: Las actitudes y expectativas influyan en el comportamiento pero este efecto se produce sólo en circunstancias muy especiales. - «Las actitudes hacia las personas con discapacidad son negativas»: Parece que las actitudes están influenciadas por el grado y clase de discapacidad, situación interpersonal, características tanto de la persona con discapacidad como la que no. - «Las personas con discapacidad tienen bajo autoconcepto»: Esto no tiene por qué ser así ya que ante el fracaso y rechazo las personas podemos menospreciar la experiencia o adecuación de los juicios o bien alejarnos de la fuente de la que nos llegan esas evaluaciones negativas. - «Los profesionales que trabajan con personas con discapacidad tienen actitudes favorables»: Es inapropiado generalizar actitudes según el rol que desempeña. La discapacidad está con demasiada frecuencia sometida a omisiones y sesgos que expresan y fomentan prejuicios y estereotipos que mantienen y alientan actitudes negativas injustas. Las estrategia para la integración social requiere promover y desarrollar actitudes y habilidades personales útiles para una convivencia gratificante, y descubrir y reforzar ocasiones para esta convivencia. Para lograr actitudes favorables hacia una convivencia social positiva, es preciso defender valores y prácticas solidarias, y luchar contra toda forma de intransigencia, sea cual sea. Los cambios de actitud en la sociedad son producto de procesos muy largos, pero ante la magnitud y las repercusiones que representan para la sociedad las discapacidades se debe iniciar un largo camino donde es necesario privilegiar los aspectos de prevención, hacer una amplia difusión de los centros de rehabilitación, intervenir directamente con las familias de las personas con discapacidad, fomentar el autocuidado de la salud y sobre todo de nuestra integridad física, no solo por que afecta este fenómeno a casi la mitad de la población sino por que todos estamos en riesgo de padecerlas. CURSO Monitor Especializado en integracion de personas con discapcidad. Matricula abierta.